Mientras crecía en las numerosas islas de Filipinas, mi padre me llevaba a montañas, zonas pantanosas, lagos, ríos y los innumerables humedales que hay en nuestro país. Gracias a él, desde muy joven tuve la obsesión de explorar más maravillas naturales de nuestro país. Me enamoré de nuestras montañas pero también llegué a entender mucho mejor nuestros pantanos y marismas tan poco valorados y a conectar con ellos. Estos humedales cruciales sobre los que se han construido nuestras ciudades se suelen ver como lugares mugrientos e insalubres asociados a peligrosos ogros, espíritus mágicos y enfermedades incurables. No obstante, conforme fui conociendo más los humedales, me di cuenta de que no están llenos de ogros y espíritus sino de majestuosas aves, cocodrilos y árboles místicos que también son mágicos, tienen encanto y están por descubrir.

Aunque los humedales son uno de los paisajes de mayor importancia ecológica en Filipinas, no se cuentan historias sobre ellos, particularmente en el lugar que ha llegado a cautivarme más que ningún otro: Agusan Marshlands. Esta zona de humedales es la mayor de Filipinas y se encuentra en el centro de la región de Mindanao, al sur del país. En ella se concentran cientos de especies de aves migratorias que acuden desde lugares muy distantes en el Japón y Rusia. Estas aves comparten su hogar con nuestras comunidades locales y la tribu indígena manobo. Estos humedales son una joya ignorada y olvidada de Asia que está menguando rápidamente debido al cambio climático y al intenso desarrollo socioeconómico.

Yo, que soy fotógrafo de naturaleza y narrador de historias ambientales, me di cuenta de cuántas historias más debemos contar sobre nuestros humedales y nuestro país para protegerlos y decidí empezar con Agusan Marshlands. Recorrí con mi cámara este mundo hermoso y frágil, trabajando estrechamente con expertos en patrimonio y con nuestra querida amiga Ate Marites Babanto, la líder de la tribu indígena manobo.

Documentamos los incendios provocados para reemplazar los humedales por palma aceitera y las sequías exacerbadas por el cambio climático. Los incendios y las sequías fueron secando lentamente los lagos sagrados y del suelo empezaron a salir cenizas y humo. Donde antes hubo riachuelos, ahora había polvo. Donde antes hubo agua, ahora había sangre. Pero todo esto nunca era por culpa de la comunidad.

Nuestro trabajo era peligroso. Conforme nuestros testimonios fueron llegando llegar al gran público y a las autoridades gubernamentales, empezamos a recibir amenazas de las compañías de palma aceitera. Nuestro trabajo muchas veces se ocultaba y nunca llegaba a los titulares de la prensa pero seguimos contando estas historias para empoderar a las comunidades locales que viven en Agusan Marshlands. Queremos asegurarnos de que las comunidades locales estén seguras y protegidas y de que este humedal especial siempre siga siendo su hogar. Si queremos proteger los lugares que amamos, debemos proteger a las personas que los protegen.

Agusan Marshlands es solo uno de los muchos humedales que hay en nuestro país y en el planeta – un lugar que no hay que temer sino valorar, ya que tiene magia tanto por lo que es como por lo que puede llegar a ser.

 

Gab Mejia